miércoles, 21 de octubre de 2020

LA TÍA SENOBIA EN TIEMPOS DE CRISIS




 Siempre ha habido crisis. Antes, ahora...Bueno, es el vaivén de las olas de la vida que nos arrastran o sumergen en las profundidades del mar, pero confiados en el Todopoderoso salimos de ellas y llegamos a puerto seguro.


Allá en su humilde vivienda en el campo donde vivió la tía Senobia, llegó un día un primo de su mamá, muy atento él, a saludarlas, a recordar, a lo mejor, cuando él también vivía allí.


Hacía largo tiempo que se había marchado con la esperanza de un cambio "para mejor" en su vida. Lo cierto es que la visita llegó a la hora de comer los frijoles. La mesa está servida.


"Buenas ¿Cómo están por aquí?"


"Bien, adelante, primo Anselmo. Si gusta...


Era lo que la gente decía si llegaba alguien a la hora de comer, sinónimo de cortesía:


...desmóntese y venga"

Entró contento el primo, era la hora del almuerzo y las tripas le rugían como un león, pero (siempre el "pero") el hombre venía acompañado con tres hombres más. No quedó otro remedio para los de la casa, le recortaron la ración y a la tía Senobia no le quedó chicharrón en sus frijoles, a lo que su mama respondió:


"¡Eso le pasa por salí'a y estar invitando gente sin preguntarme"

Y ella de "respondona" contestó:


"Pero usted no nos ha enseñado Ahorita esperamos que la visita parta para comer, así tengamos un león en la barriga"



Carmen Muñoz de Gonzalez, Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela




Sitio web de la imagen: https://cookpad.com/co/recetas/3432936-empedrado-de-frijol-y-chicharron-100-colombiano

OFERTA DE EMPLEO

Digo a mi mejor amiga que necesito un empleo. Ahora cocinamos por turno en su cocinita eléctrica porque vivo en el centro de Villa de Cura y allí no es válida la opción de cocinar a leña que tienen los habitantes de las afueras. Hace largos meses que no hay gas en el llenadero. En el centro no hay dónde conseguir leña y los vecinos son de salud delicada que no se puede agravar por el humo del fogón.

Pero, como la falta de gas no es el único mal de que adolecemos... De veras que necesito un trabajo para complementar los exiguos ingresos de mi sueldo de maestra jubilada.

Cuando voy a casa de mi amiga con un envase lleno de hallaquitas crudas para usar su cocina ya que eso será lo que cenaremos hoy, me entrega una hoja de papel en la que ha escrito a lápiz, con hermosa caligrafía e intachable ortografía una "Solicitud de empleo" que deseo compartir con ustedes.

Paso al texto:


¡A quien pueda dar trabajo!

Soy una fémina de 70 años pero con la fuerza del búfalo en los tobillos!

Oficios hacer: especializada en cuidar personas mayores con quebrantamientos de salud, creativa en los alimentos, cocinando con agua y sal me da por economizar aliños, con un recetario actualizado como lo indique el amo.

En lo que se refiere a dulces los hago sin azúcar y quedan más dulces que la miel, tortas con cualquier relleno.

Sueldo con desayuno, almuerzo y cena para la familia y demás personas. Pregunte por: Deseo de trabajar.

Llame: (Acá el dibujito de uno de esos teléfonos de vasitos plásticos unido por un pabilo y su ¡Si funcionan!)

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Carmen Muñoz de Gonzalez, Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela



Sitio web de la imagen: https://es.wikipedia.org/wiki/Tel%C3%A9fono_de_lata


COMENTARIOS:


lecumberre 

Bastante ingenioso tu relato, Carmencita.


sacra97 

Me has hecho reír y recordar viejos y maravillosos tiempos, Carmencita. 



lunes, 12 de octubre de 2020

UNA EXTRAÑA PROFESIÓN

 



Los pueblos con su simplicidad en ver la vida. No nos había " arropado" la tecnología y la botica, la pulpería y el bar eran los sitios donde los paisanos desahogaban sus penas, contaban historias. Sitios dedicados a la compra y a la conversación diarias.


El boticario de mi pueblo, predecesor (aunque sin parecido alguno) del actual farmacéutico, era una especie de "torero": "capoteaba" al que iba con "mal de amores", rabioso, melancólico, pesimista... En fin, tenía una sabia medicina para cualquier dolencia. Un día llegó Pilo muy angustiada ella, tanto, que podía "subirse los justanes a la cabeza" y no se daría cuenta. El señor boticario trata de calmarla de ese desasosiego que presenta y la interpela:


-" Bueno, mujer ¿Qué te atormenta tanto?"

- "¡Ay, Tulio, ese muchacho mío que no se entiende! ¡Ahora dizque va a estudiar para su condición en vez de prepararse en algo normal!"


-"No, chica, dale gracias a Dios que llegue a Bachiller aunque sea ¿Cuál es el problema?"


Carmen Muñoz de Gonzalez, Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela