Carmen Muñoz, viuda de González
Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela
Hola, comunidad de amantes de las letras, está es mi primera publicación para este año 2026
Ante todo deseo que este año sea productivo ustedes, sus familiares y amigos, para todos nosotros. Que no nos falte ni la salud ni el alimento y que tengamos paz a nivel mundial.
Hoy les traigo un relato de una niña que conocí en el campo a finales de diciembre . Su nombre: Cesia Anaís Prado Zacarías.
En estas pasadas fiestas decembrinas del 2025 nos fuimos mi comadre María y yo al campo en el estado Anzoátegui en Venezuela
Allá se encuentra uno con caseríos cargados de amabilidad y hermandad hospitalaria.
Era la primera vez que yo iba a ese lugar y quedé gratamente sorprendida de esta inmensidad de tierras donde se juntan con el cielo azul que parece un inmenso mar.
Fuimos invitadas a un parrandón en un punto llamado Cujicito, cerca del Toco.
Una gran familia.Allí recibimos otra invitación especil para ir al Pesebre, ese es el nombre que lleva el sitio al cual fuimos. Lo asocié inmediatamente con el pesebre donde nació el niño Jesús
Al llegar al centro de convocatoria estaban todas esas mujeres de allí, de esa comunidad, mujeres de Dios haciendo hallacas para brindar con todo el grupo.
Las amarraban de dos en dos, lo cual me llamó la atención y les pregunté que porque las amarraban así y me dijeron que eso se llamaba persogo y así colocaban dos en el plato cuando sirvieron, acompañadas con una suculenta rueda de papa sancochada y un huevo frito.
Estaban súper deliciosas las multisápidas hallacas.
Me encontraba sentada allí en un banco tipo picapiedra, cuando se me acercó una linda niña de unos siete años más o menos, muy avispada, y me preguntó qué tenía. Muy vivaracha ella, alegre. o le contesté cariñosamente que no tení nada, que simplemente estaba contemplando el paisaje, a lo que ella me respondió inmediatamente:
Yo sí tengo mi vaca Primavera, tres gallinas patonas, un pollo y una ovejita Se llama Osita Blanco porque es blanca como la nieve.
La ovejita cargaba puesta una franelita de la niña - yo le dije que se la quitará para tomarle la foto - y un collar que era un reloj viejo y detrás de la ovejita andaba una bandada de guineos que cantaban "patrá, patrá" y la seguían por todas partes.
La niña cargaba a la ovejita como si fuera un bebé, me contó que la ovejita dormía al lado de su cama cuando ella dirmía y se mantenía a su lado mientras ella comía. Total que anda con su ovejita para arriba y para abajo, para todos lados, pues.
Fue cuando comprendí que me había preguntado por mis bienes. Entonces le contesté sabiamente:
" Yo ni siquiera tengo un perro"
Allí fluye una conversación ligera y espontánea donde me platica que le gusta ir a la laguna a nadar, que le gusta todo lo que hace en la escuela pero lo que más le gusta es sumar y restar y compartir con sus amiguitas: Elisa, Ana, Auris, La Negra, La Catira y Dainimar y para terminar la conversa me dijo muy serie y determinante que su papá tenía una majá donde se daba de todo: arroz, pimentón, plátano y el típico frijol rosado
Estas son las vivencias de los niños del campo con tanta inocencia y humildad de corazón. Como florecita silvestre bañada por el Rocío mañanero va creciendo Cesia bajo el sol de los venados, con amor a la naturaleza y sentido de pertenencia.
Dios te bendiga mi niña



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