Los indios Cura, nuestros ancestros, habitaban estos parajes plácidos y felices comiendo lo que la naturaleza les proporcionaba, Al llegar el conquistador todo cambió y hubo una lucha de poder en la que el cacique murió. Su compañera lloró desconsolada sobre el cadáver la pérdida de su querido guerrero por tres lunas.
Tanto el cacique como su mujer se petrificaron y en medio de las dos piedras nació un riachuelo, el Curita, claro y cristalino como la luna llena. Corría apresurado a regalar su preciosa agua formando un pozo, “Pozo Azul” – supuestamente-.
Con el correr de los años la gente le atribuyó poderes mágicos. Sus aguas eran tan transparentes que destellaban reflejos azules.
Una vez, un grupo de muchachos fue a disfrutar las delicias de Pozo Azul. Era época calurosa, todos reían y gozaban. Uno de los jóvenes se lanzó en clavado a las cristalinas aguas y al volver a la superficie relató haber visto diversidad de peces con diferentes colores como de piedras preciosas: rubíes y granates que brillaban al reflejo del sol.
A todo el que se bañaba en aquel pozo, ahora ya lamentablemente seco, su imaginación le hacía una jugarreta, creando diferentes historias en torno a él De lo que sí podemos dar fé como de cierto es que en aquellas grandes piedras estaba la cantera de Calidrat.
Carmen Muñoz de González
NOTA: La foto es sólo referencial para ilustrar el artículo y la tomamos de la página web
No tenemos noticia de que se conserven mágenes fotográficas del Pozo Azul de la leyenda.






























